Derecho Civil

Acto y Negocio Jurídico

Causa del negocio jurídico

Causa del negocio jurídico

La causa es uno de los elementos del negocio jurídico y es un concepto que, al igual que el objeto, ha sido uno de los más discutidos en la doctrina debido a su abstracción. Existen diversas teorías que definen la causa, principalmente desde una perspectiva subjetiva, objetiva o mixta. Una teoría mixta parece dar una definición más acertada de la causa, pues toma en cuenta que cada negocio jurídico es único (dado que, subjetivamente, es la creación de sujetos con intereses muy particulares) pero que además debe cumplir una función socialmente trascendente (y esto depende de que objetivamente la ley le reconozca sus efectos).

Así, la causa puede ser definida como la razón que justifica que la ley le reconozca a un determinado negocio jurídico sus efectos; es la función social y jurídica de un negocio jurídico (distinguiéndose así del objeto del negocio jurídico, que se analiza desde una perspectiva práctica y no jurídica).

La utilidad de la causa es la valoración de cada negocio jurídico, hecha en atención al resultado que los sujetos buscan al celebrarlo, y sirve para delimitar el ámbito del ejercicio de la autonomía privada. Así, se exige que todo negocio jurídico tenga una causa. La simple expresión de una promesa o de una obligación no tiene sentido si es que no existe una causa que la justifique.

Por ejemplo, un contrato de compraventa puede ser celebrado por dos sujetos que tienen el interés práctico (objeto) de intercambiar un bien por dinero. Así, el ordenamiento jurídico le reconocerá efectos a dicho contrato porque sirve para que, por una parte, uno de los sujetos adquiera un derecho de propiedad sobre un bien y, por otra parte, el otro pueda hacer líquido (convertir en dinero) un bien que ya no le es de utilidad. Esta función es reconocida por el ordenamiento jurídico como merecedora de tutela y, por tanto, puede surtir los efectos jurídicos previstos por las partes.

La causa no debe ser confundida con los motivos, pues estos se refieren a un valor meramente subjetivo e interno, que no tiene relevancia jurídica a menos que los mismos sean expresados explícitamente como determinantes para la celebración del negocio jurídico. Además, los motivos son una suerte de antecedente al negocio jurídico; es decir, preceden a su formación. Por el contrario, la causa es un elemento intrínseco del negocio jurídico.

La figura de la causa fue elaborada inicialmente para distinguir y justificar el carácter jurídico vinculante reconocido a ciertos contratos; después sería utilizada como medio para negar la protección jurídica a las promesas y contratos carentes de sentido o que sean ilícitos. La doctrina moderna reconoce a la causa como un elemento del negocio jurídico.

Teorías sobre la naturaleza de la causa

Una concepción subjetiva de la causa la define como el propósito de quien o quienes han celebrado al negocio jurídico. A fin de distinguirla de los motivos, la doctrina posteriormente ha precisado que se trata del motivo determinante o inmediato del negocio, distinto de los simples motivos. Por ejemplo, una persona puede tener interés en comprar un objeto para regalárselo a su hijo. El motivo de celebrar un negocio jurídico (en este caso, un contrato de compraventa) es estar en posibilidad de adquirir un bien para poder regalarlo posteriormente, pero la causa será el interés determinante y más inmediato; es decir, el adquirir el bien. La crítica que recibe esta teoría es que se define la causa como una motivación psicológica. Así, bastaría que exista voluntad para que, consecuentemente, exista causa y por tanto cualquier negocio jurídico sea válido. Para quienes siguen una teoría objetiva de la causa, es inconcebible que el ordenamiento jurídico conceda efectos jurídicos al albedrío sin más. Además, el concepto de la causa sería fácilmente confundido con el concepto del objeto, definido, en términos generales, como el interés práctico que las partes pretenden lograr con la celebración de un negocio jurídico.

Por el contrario, una concepción objetiva de la causa considera que celebración de un negocio jurídico debe obedecer a una estructura típica. Así, considera la causa como la tipificación legal de los negocios, siendo el ordenamiento jurídico el que le da los nuevos negocios la calificación de negocios jurídicos. De este modo, se destaca el valor social y económico del negocio, siendo finalmente definida como el fin económico y social reconocido y garantizado por el ordenamiento jurídico. El ordenamiento jurídico reconoce el poder creador de la voluntad solo cuando se adapta a alguno de los moldes o tipos legales establecidos por la ley. Una crítica a esta concepción de la causa es que pretende determinar la existencia de la causa (como justificadora de la eficacia del negocio jurídico) en la norma jurídica, siendo esta la única que puede decirnos cuál es su valor jurídico. Sin embargo, no basta con que exista una causa tipificada legalmente, pues es más importante que la misma sea lícita.

Como se indicó anteriormente, una teoría mixta da una definición más acertada de la causa. Esta teoría toma en cuenta que el negocio jurídico es producto de la subjetividad humana, que a su vez debe atender a un fin económico y socialmente trascendente. La causa es, bajo esta concepción, la función socialmente razonable del negocio jurídico, merecedora de efectos jurídicos que concuerden con el propósito práctico de las partes que han celebrado el negocio jurídico. En suma, la causa es la razón por la cual el ordenamiento jurídico reconoce una determinada figura como negocio jurídico y lo considera relevante a fin de brindarle eficacia jurídica. Contrariamente a la concepción subjetiva, la voluntad no puede encontrar justificación en sí misma, sino que tal justificación está dada además en función de los intereses económicos sociales que con el negocio se pretende satisfacer.

La causa es un elemento que conlleva dos aspectos: un aspecto objetivo, la finalidad objetiva del negocio que justifica su reconocimiento como tal; y un aspecto subjetivo, que permite incorporar los motivos ilícitos a la causa, de tal manera que se pueda establecer que un negocio jurídico con una causa objetiva puede ser nulo por ser tal causa ilícita. Por ejemplo, un negocio jurídico puede tener la forma de un contrato típico, como un contrato de donación que -en principio- es reconocido por el ordenamiento jurídico como merecedor de efectos jurídicos, pero las partes realmente lo celebran con la intención de impedir el cobro de una deuda (pues el patrimonio del sujeto deudor se ve disminuido por el desprendimiento de un bien sin recibir algo a cambio).

Requisitos de la causa como elemento del negocio jurídico

Como elemento del negocio jurídico, la causa debe cumplir con ciertos requisitos para que el negocio jurídico sea válido y pueda surtir efectos: la seriedad y la licitud.

La seriedad de la causa está referida a un juicio de relevancia respecto de esta. Para que la causa sea considerada como seria, debe estar caracterizada por su sensatez, de tal manera que, si nos encontramos ante declaraciones hechas “en juego” o con propósitos didácticos, el negocio jurídico será nulo. Por ejemplo, si en una obra teatral dos sujetos se prometen intercambiar una casa por un avión, es evidente que tales declaraciones no serán vinculantes y no generarán la formación de un negocio jurídico válido. Por tanto, tales sujetos no estarán obligados aquello a lo que se comprometieron en tal contexto carente de seriedad.

La licitud se refiere a la juridicidad (conformidad con el ordenamiento jurídico) del interés concreto exteriorizado del sujeto. Así, la finalidad de la celebración del negocio jurídico no debe ser contrario a la ley, al orden público ni a las buenas costumbres. Por ejemplo, un negocio jurídico será ilícito cuando su causa sea recompensar la comisión de un delito.

 

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